Imagina que dedicas tu vida exclusivamente a una sola cosa. Una sola cosa que te absorbe, y no deja sitio a nada más. (Por ejemplo: ser el mejor en el arte de la espada). Y, tras mucho sacrificio y gracias a tu perpetua constancia, crees haberte convertido en el mejor ser humano que hace esa cosa.

Pero el precio a pagar ha sido muy alto, porque ha consumido todo tu ser. No has amado, ni sentido, ni hecho amigos, ni ninguna otra circunstancia te ha desviado siquiera un segundo de tu meta. Y crees que es mejor así, porque seguro que, de haberte distraído con sentimentalismos, no serías el mejor: porque los sentimientos te desestabilizan y te atan. Te hacen débil.

Y entonces conoces a alguien que tiene una habilidad comparable a la tuya. Y, además, tiene amigos, amor, ternura. Tiene una vida llena de significado, a pesar de ser tan constante y tan capaz como tú.

Eso significa que has tirado tu vida por el retrete.

¿Podrías aceptar algo así? ¿O tratarías de destruir a esa persona que te deja en evidencia? Porque si lo hicieras, si la destruyeras, entonces eso significaría que, en realidad, tú tenías razón.

Porque has ganado. Eres el mejor. Entonces tu vida no estaría vacía de significado.

¿Qué harías?